Fui Yo: Un nombre escrito en una puerta por abrir

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La puerta que da origen al logo de Fui Yo

 

Hay nombres que se eligen y otros que te encuentran. Fui Yo apareció así, escrito en una puerta por abrir, en medio de unas ruinas, entre la naturaleza cerca de mi taller durante un paseo en uno de los descansos en mi trabajo.  ¿Qué mejor metáfora para un comienzo? No sé quién lo dejó allí, ni por qué, pero esas dos palabras quedaron resonando en mí como una declaración, una confesión y una reivindicación al mismo tiempo.

 

Abrir una puerta siempre implica una decisión. Al otro lado puede haber un espacio vacío o un mundo por descubrir, pero cruzarla marca un antes y un después. Así nació también Fui Yo, como una invitación a traspasar lo impersonal, a recuperar el valor de lo hecho a mano y de las piezas con historia. Y eso es también lo que ocurre con cada pieza que hago: hay un instante en el que la materia cede, en el que la forma se revela y deja de ser solo un proyecto.

 

Elegí ese nombre porque en él está todo lo que quiero que contengan mis piezas. No son anónimas, no nacen de un proceso impersonal ni de una cadena de montaje. Cada una lleva la huella de mis manos, el tiempo que he pasado con ella, las decisiones que la han moldeado. Y, cuando alguien la elige, mi papel termina. Se convierte en parte de otra historia, de otro espacio, de otra vida.

Si mis piezas llevasen una etiqueta como la ropa, no dirían "Made in". Dirían Fui Yo.